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El Activismo LGTBI+ en Estonia

Entrevista con Manu Moreno Tovar

Antes de empezar y para todas aquellas personas que no te conozcan, ¿podrías hacer una breve presentación sobre ti, a qué te dedicas, cuál es tu relación con el activismo…?

Me llamo Manu y actualmente me encuentro cursando un doctorado en traductología en Tartu, que es la segunda ciudad más poblada de Estonia. Me centro en lo que se conoce como traducción intralingüística (dentro de la misma lengua) y le doy una perspectiva de género y queer.

Por otro lado, formo parte del Comité Científico del Congreso y, antes de empezar el doctorado, estuve traduciendo y revisando para una unidad de investigación de la Universidad de Granada (donde estudié el Grado de Traducción e Interpretación). También he completado un máster en Escocia, en la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo.

Hace ya unos años que participo en el activismo LGTBI+, aunque aquí en Tartu también me he involucrado en el movimiento Fridays for Future, desde donde se hace activismo frente a la crisis climática, y en Rhythms of Resistance, que es una red transnacional de grupos de percusión que se dedican a ir a protestas y armar un poco de jaleo. 

A día de hoy, ¿cuál es la situación del colectivo LGTBI+ en Estonia? ¿Es parecida a la de España?

La situación es complicada, pero tampoco hay ningún país donde no quede trabajo por hacer. En primer lugar, me gustaría combatir el prejuicio de que Estonia es un país particularmente LGTBIfóbo por su condición de país postsoviético. A título personal, llevando una pulsera arcoíris, las uñas pintadas y demás, no he sentido más inseguridad que en España, pero también es cierto que puede ser por los círculos en los que me muevo o por mis propios privilegios.

Desde mi percepción, hay una tendencia lenta pero progresiva hacia una mayor aceptación de las personas LGTBI+. Por ejemplo, la presidenta de Estonia, Kersti Kaljulaid (cuyo cargo figura en un rango jerárquico equivalente al del rey en España), recibió hace poco el título de Rainbow Heroe de la Asociación LGBT de Estonia por el apoyo brindado al colectivo. Incluso llegó a postear en su muro de Facebook (una plataforma que aún se usa mucho en Estonia) el momento del recibimiento del galardón, lo cual tiene un papel simbólico brutal.

¿Podrías hablarnos un poco sobre las asociaciones LGTBI+ que hay en Estonia y sobre los eventos que se llevan a cabo, como el Baltic Pride? ¿Cómo es el activismo allí?

Pues verás, al ser un país muy pequeño, el activismo está muy centralizado en Tallin, lo cual es una pena para las ciudades más pequeñas, pero también es necesario que se aúnen fuerzas. La asociación que más se mueve aquí es la Asociación LGBT de Estonia, que tiene su sede en Tallin. Este año han organizado muchísimos eventos, desde lo lúdico hasta lo educativo, a veces centrándose en las necesidades de grupos concretos. Sin duda hay otras asociaciones que merece la pena mencionar. Por ejemplo, en Tartu hay una llamada Vikerruum que organiza una fiesta queer mensual autoproclamada como hetero-friendly. También hay un festival de cine LGTBI+ anual, el Festheart, que se celebró este otoño en Tartu y en Rakvere.

Por otro lado, el Baltic Pride u Orgullo Báltico es un orgullo que se viene organizando en los países bálticos y que va rotando anualmente entre ellos. Este año tocaba en Estonia y se pretendía que fuera el mayor orgullo que hubiera tenido lugar en el país, pero debido a la crisis del COVID-19 se canceló en su formato original. Aun así, tuvimos la suerte de que en junio hubo muy pocos casos de nuevos contagios, y se pudo sacar adelante un programa que combinaba eventos en línea y presenciales. Por ejemplo, hubo una pequeña marcha simbólica por las calles de Tallin en la que tuve la suerte de participar como integrante de Rhythms of Resistance (en la fotografía).

En comparación con España, donde el orgullo institucional muchas veces se entiende como una fiesta, aquí en Estonia no hay un «lavado rosa» tan extremo. Así, cuando una empresa se cambia el logo en redes y añade la bandera arcoíris, la comunidad activista lo entiende como un verdadero mensaje de apoyo al colectivo y no como un intento de capitalizar el movimiento.

Tengo entendido que el estonio, como idioma, no diferencia entre géneros. ¿Se consideraría entonces inclusivo o existen propuestas para que así sea? 

Es cierto que, a pesar de que obviamente sí hay palabras para designar «hombre» o «mujer», no existe un género gramatical. Por ejemplo, para la palabra «amigo/a/ue», aunque existen los sufijos feminizantes «-anna» y «-atar», también es posible usar «sõber» igual que «friend» en inglés, sin incidir en el género de la persona. Por otro lado, ni los adjetivos (como ocurre en el español) ni los verbos (como ocurre en el árabe) cambian en función del género. Nada depende del género, ¡ni siquiera los pronombres! Esto en concreto es de gran ayuda para las personas trans, que al hablar en inglés pueden tener dificultades al sentir que tienen que elegir un pronombre concreto. Recomiendo este artículo para quien quiera informarse más.

Aun así, es importante señalar que el hecho de que no exista un género gramatical no implica que no haya problemas lingüísticos. Por ejemplo, existen palabras para designar profesiones cuya terminación implica «hombre/mujer», por lo que no son realmente neutras, y faltan términos para describir realidades no binarias, por ejemplo, en el ámbito de la familia. En conclusión, las características gramaticales del estonio no implican necesariamente que no existan desigualdades y usos discriminatorios de la lengua. En este sentido, me gustaría destacar que la comunidad estonia ha hecho un gran esfuerzo para crear etiquetas que reflejen las realidades del colectivo LGTBI+ tanto en la lengua estonia como en la lengua de signos estonia, reapropiando términos ya existentes y creando signos sin una carga estigmatizante.

A nivel de legislación, ¿cuál es la situación del colectivo? ¿Existen recursos institucionales contra la LGTBIfobia?

No soy un experto en temas legales, pero he estado investigando al respecto y he visto que la discriminación por orientación sexual o identidad de género sí que está reconocida. A pesar de esto, existen informes que ponen en duda que dichas medidas sean suficientes o que se estén aplicando correctamente. En cualquier caso, queda mucho por hacer en el ámbito legislativo, aunque dicho «progreso» también depende del país con que se compare. Por ejemplo, si nos basamos en el mapa arcoíris de ILGA-Europe, Estonia reconoce más derechos que los otros países bálticos, pero menos que Finlandia.

Si hablamos de las uniones civiles, estas están legalizadas, pero son una pesadilla en la práctica, ya que se dejaron regulaciones por aprobar. Por ejemplo, no es posible presentar declaraciones de la renta conjuntas, aún no se puede adoptar… Algo parecido ocurre con el mecanismo de reconocimiento de género, donde las personas trans se encuentran con un procedimiento muy farragoso y anticuado, ya que tienen que pasar por un juicio médico y un diagnóstico psiquiátrico, demostrar su identidad de género durante dos años, etc. En definitiva, la situación no es, ni de cerca, la mejor, lo cual también se debe a la situación política actual.

Creo que es una preocupación a nivel mundial el actual auge de la extrema derecha, ¿puedes hablarnos sobre el tema? ¿Hay algún tipo de propuestas por parte del activismo estonio para intentar frenar este auge?

El activismo LGTBI+ en Estonia está luchando, pero la situación es francamente grave. Actualmente, hay un gobierno de coalición entre un partido de centro, un partido conservador y un partido de extrema derecha, por lo que esta está muy presente en las decisiones del gobierno. La coalición se formó bajo un acuerdo, uno de cuyos puntos consistía en convocar un referéndum proponiendo cambiar la definición constitucional de matrimonio a «unión entre hombre y mujer». Este otoño, el gobierno se ha reafirmado en sus intenciones de celebrar el referéndum, que, pese a las movilizaciones de activistas y de los partidos de la oposición, tendrá lugar en la primavera de 2021. Es desalentador constatar cómo nada de esto llega a los titulares de España.

Otro evento que se puede considerar consecuencia directa de la situación política y que vivimos en diciembre del año pasado fue una manifestación antiLGTBI+ convocada por un miembro de EKRE (el susodicho partido de extrema derecha) en Tartu. Todo empezó cuando un centro juvenil quiso llevar a cabo unos talleres sobre género y sexualidad, lo cual llegó a los oídos de EKRE. Por suerte, se llevó a cabo una contramanifestación espontánea que contó con muchos más participantes que la otra y muchos comercios sacaron la bandera arcoíris como muestra de solidaridad, aunque el ambiente siguió estando muy tenso.

Por último, integrantes del partido de extrema derecha han intentado boicotear eventos organizados por la Asociación LGBT de Estonia, generando desinformación, miedo y odio hacia el colectivo. No es ninguna sorpresa dadas las declaraciones del (ahora ex) Ministro de Interior, que en una entrevista con un medio alemán sugirió «que los gays se vayan a Suecia». La lista de agravios por parte de EKRE no deja de crecer. Por tanto, el problema de la extrema derecha en Estonia es el principal obstáculo para conseguir avances en la lucha LGTBI+. Como punto positivo, esto también está generando que el colectivo aúne fuerzas y que empatice con países que están atravesando una situación parecida, como es el caso de Polonia y Hungría.

Para terminar, ¿qué le dirías a todas aquellas personas que creen que la lucha LGTBI+ ya no tiene sentido porque ya se ha conseguido todo lo que se tenía que conseguir?

Pues les diría que abran sus perspectivas, ya que probablemente estén hablando desde una muy poco interseccional y centrada en la LGB, lo cual les hace pensar que está todo conseguido. Nada más lejos de la realidad: si prestan atención a las reivindicaciones de las personas trans, intersexuales, asexuales, etc. serán conscientes de que no es así. No solo se trata de crímenes de odio, sino también de prejuicios dañinos, falta de representación, trabas legales… En definitiva, es cuestión de seguir educándose, lo cual no tiene que ocurrir necesariamente en el ámbito académico. Recomiendo por ejemplo los documentales «Disclosure» de Netflix y «Welcome to Chechnya» de HBO, o la serie «Gaycation» de VICE TV, con Elliot Page y Ian Daniel. Considero imprescindible que nuestra formación en materia LGTBI+ no dependa únicamente de influencers que viven al margen de realidades distintas a las suyas propias (con una perspectiva absolutamente occidental y sin tener en cuenta la accesibilidad de su contenido) y que luchemos por una causa común reconociendo las complejidades de nuestra sociedad.

Entrevista realizada por Víctor Manuel Sánchez Paterna

Esta iniciativa está organizada por Inserta Andalucía y por la Universidad de Granada, gracias a la financiación de la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación y al Proyecto «Educación Transversal para la Diversidad Afectivo-Sexual, Corporal y de Género» (código 419) del Plan FIDO UGR 2018-2020.

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